martes, 17 de abril de 2012

De encuentros y nostalgias

Los dos íbamos con prisa. Es curioso que estas cosas siempre suelen pasar cuando vas con prisa. Yo salía, deprisa, de la tienda donde trabaja Elma. La había acompañado tras comer juntos y tomar café en ese Bracafé del chaflán de Rosselló que lleva un año con el letrero de Se Traspasa a la puerta. Él bajaba, a buen paso, calle Padilla abajo. Sin embargo, a pesar de nuestras prisas, nos reconocimos en el acto, y nos detuvimos en seco uno al lado del otro.

J..., mi compañero de estudios, el legendario J... de los buenos tiempos de la Facultad de Derecho. Nos saludamos, alegres por el encuentro, y charlamos brevemente, sin demasiado tiempo para nada, pero sin querer renunciar a ese momento, apenas un breve instante, de darnos las mutuas novedades y hurgar algo en nuestros recuerdos compartidos. Después, demasiado pronto, como siempre, nos despedimos y cada uno siguió su camino, pero yo ya llevaba la sonrisa pintada en la cara.

Caminaba Avenida Gaudí abajo, buscando la boca del metro, con la mente inundada de imágenes de aquellos tiempos. Buenos recuerdos todos, los malos los aparqué hace ya mucho. Las tardes al sol, sentados en el césped, en esa especie de pradera irregular donde unos años más tarde se edificaría el Aulario Tomás y Valiente, de modo que la experiencia se ha tornado irrepetible. Y aquellas mañanas en que completábamos el tour alcohólico por la Zona Universitaria de la Diagonal, recorriendo los bares de Escuelas y Facultades, principiando en el bar pequeño de Derecho, para seguir por Económicas, Empresariales, Ingeniería Industrial, Biología, los Colegios Mayores San Raimundo de Peñafort y Nuestra Señora de Montserrat, y regresando, ya a mediodía, algunas horas y muchas copas después, al bar grande de Derecho. Qué tiempos. Y cuanta gente a la que he perdido la pista... Pero mejor no pensar en ellos, no dejarme arrastrar por la enfermiza nostalgia. De mis años universitarios saco un balance positivo. Fue una buena etapa. Me alegro de haberla experimentado, de haberla exprimido lo que pude. Tal como me temía entonces, no he vuelto a tener otra época semejante, de tanta alegría, tan pura e ilusionada inocencia... Y me alegro de este encuentro fortuito que me ha reverdecido los viejos y ya algo marchitos recuerdos. Trabajo, esta noche, pero dentro de pocas horas, cuando me acueste, ya con el sol en lo alto, soñaré con la Facultad...

El cuadro que ilustra el artículo se titula El Encuentro, y es obra de Raquel Forner.

2 comentarios:

pseudosocióloga dijo...

LLego tarde, ya veo que ya has arreglado lo de los comentarios.
A mi me suspendieron una en C.O.U. y por eso nunca fui a la facultad de derecho, así que evité su campus y creo que solo fui a una fiesta, así que me das mucha envidia.

Jan Berg dijo...

Pseudo, querida, puedo, claro, comprender lo que dices y los motivos de tu envidia, pero créeme, Derecho no tiene nada que envidiar...