lunes, 28 de febrero de 2011

Santa Eulalia, interior noche

Ezequiel, hijo de Elma, estudia Dirección en una Escuela de Cinematografía.

Este fin de semana, de viernes a lunes, está de rodaje en Cadaqués. Hace de Ayudante de Dirección en el cortometraje de otro alumno de la Escuela. Es un trabajo de clase, y además una oportunidad. Si el resultado es lo bastante profesional, tal vez, con mucha suerte, sí, pero tal vez, salga al mercado español.

El jueves, cerca de medianoche, en casa de Elma reinaba una actividad frenética.

La tarde anterior, Ezequiel había mantenido una fuerte discusión con el Director y con el Productor del cortometraje. El Director, despreocupado de la parte técnica, añadía plano tras plano al Guión Literario, según le salían de la cabeza, poniendo patas arriba el Plan de Rodaje previsto, con el consiguiente cabreo de todo el equipo, que veía alteradas sobre la marcha sin orden ni concierto sus jornadas y horarios previstos, y acabó el Guión Técnico justo dos horas antes de la última hora posible de entrega, cuando a la mañana siguiente ya salían en furgoneta hacia el set de rodaje, apurando el tiempo y poniéndoselo muy difícil a su ayudante, Ezequiel, quien debía, en función de ese Guión Técnico, prever los medios y materiales necesarios para rodar. El Productor ni siquiera tenía la excusa de la creación para distraerse de sus obligaciones. Simplemente, era un caradura que se había quitado de en medio, dejando que otros se encargaran de su parte, tarea que, claro, había recaído también sobre Ezequiel.

Tremendamente responsable en lo que se refiere a su gran pasión, la cinematografía, Ezequiel se había echado a sus espaldas el peso del trabajo sucio, de campo, del rodaje, asumiendo tareas que claramente no le correspondían, contactando con los actores, haciéndose cargo del material, organizando el traslado y estancia del equipo etc.

Es el tercer y último curso de Ezequiel en la Escuela de Cine. Elma y yo, acostumbrados tras esos tres cursos en los que hemos hecho de actores secundarios, la casa de Elma se ha convertido más de una vez en set de rodaje, y hemos apoyado a Ezequiel en toda clase de labores de intendencia, le ayudábamos de nuevo en todo lo que podíamos, empaquetando, preparando comida y bebida, forrando piezas frágiles con cartones para evitar roturas y desperfectos en el viaje, en fin, cosas sencillas pero necesarias. Ezequiel estaba de los nervios, irritado por tener que encargarse de más de lo que le tocaría por culpa del escaqueo de otros. En un aparte, mientras Elma acababa de forrar con gruesos cartones y cinta aislante un cristal rectangular, parte de la mesa de centro del salón de su casa, que Ezequiel se llevaba para utilizarlo como atrezzo, le pedí que se calmara, porque tal y como estaba no era el mejor modo de encarar cuatro días seguidos de intenso trabajo con jornadas cercanas a las catorce horas diarias.

-Lo sé, lo sé... – me dijo Ezequiel – Pero es que me jode tanto...

-Lo comprendo – repliqué – pero debes mirar primero por ti mismo, y si ves que algo no lo puedes asumir, no lo asumas...

Él negó con la cabeza.

-No me importa asumir trabajo, más del que me toca, eso de verdad que no me importa. Lo que me fastidia es otra cosa...

-Sí, imagino el qué.

Me miró dibujando una sonrisa algo irónica en su rostro, anguloso como el de su madre.

-No te ofendas, pero no creo que lo imagines, Jan.

Más que sentirme ofendido por su ironía, me produjo una cierta ternura comprobar que, generación tras generación, siempre creemos ser los primeros en experimentar las cosas que nuestros padres y nuestros abuelos y todos nuestros antepasados ya experimentaron mucho antes que nosotros.

-Claro que me lo imagino, Ezequiel, claro que sí – respondí serenamente, pues tampoco quería entrar en discusión – Lo que te fastidia es que tú, como Ayudante de Dirección, te esfuerzas más de los que debes y asumes el trabajo que sea para sacar adelante el rodaje, porque el resultado del trabajo, que el corto quede bien y como debe de quedar, te importa más que el que haya irresponsables que se escaqueen. Pero sabes que cuando dirijas tu propio cortometraje no encontrarás un Ayudante de Dirección que se preocupe ni la mitad que tú. Eso te fastidia. La injusticia del mundo. Créeme, no eres el primero ni serás el último al que esto le amarga un día de invierno...

Ezequiel cambió la sonrisa irónica por otra menos hiriente y mucho más triste.

-Ya sé que no soy el primero, ya, pero es que jode, ¿sabes? Jode tantísimo...

Puse una mano sobre su hombro.

-Te comprendo, pero no será la última vez, ni la peor, así que vete acostumbrando...

10 comentarios:

Madame Milagros dijo...

porque lo hacemos? porque no nos sentiriamos satisfechos con nosotros mismos si no sale el trabajo de lo más perfecto... yo también lo entiendo.. y si tienes razón esto pasa y en todo momento, solo es cuestión de acostumbrarnos... y de salir adelante... adversidades nunca faltan...
besos y abrazos Jan.... nos estamos leyendo

pseudosocióloga dijo...

Y a base de jodiendas...aprenderá....a no dejarse la piel en lo que no compensa...a no esperar tanto de los demás...a que nada sale como soñabas....pero mientras tanto...se cabrea...c'est la vie...

la reina del mambo dijo...

Así se aprende mucho, a no esperar tanto de los demás, por ejemplo.
Besos

Jomeinitler dijo...

Muy buena entrada. Tu si que eres heterodoxo. No como los psicoticos, que son unos agresivos e incontrolables. Para cuando cirujia cerebral para los esquizofrenicos.

concienciado dijo...

Han leido la entrada la loca de la doctora Jomeini. Alli se avisa claramente del peligro que suponen estos sujetos. No son como nosotros. Tolerancia cero!!

Florencia ruiseñor dijo...

Puaggggg!!! Psicoticos puaggggg!!!!

Jomeinitler dijo...

No me gustan los psicoticos.

Aida dijo...

Es bueno acostumbrarse, así nos ahorramos los sustos!

EriKa dijo...

He pasado a saludarte Jan.
Veo que el muchacho a salido responsable y quiere arreglar el mundo el solo, trabajar con él es un chollo y seguro que si se empeña en ello lo hará mejor que nadie, ayyy.. pero eso quema un montón, te ha de pasar unas cuantas veces para abrir los ojos.

Besitos.

la MaLquEridA dijo...

Está en la edad que quiere cambiar al mundo, ojalá pueda hacerlo junto a muchos otros que quieren lo mismo.


Un abrazo.