miércoles, 16 de febrero de 2011

Barcelona Mobile World Congress

“Durante toda esta semana estarán por aquí, por Barcelona, los del Mobile World Congress ese, y los barceloneses cabreados, <joder, todo a reventar de gente, si es que no se puede ni salir de casa…> Luego nos enteramos de que se dejarán 225 millones de beneficios, y, como buenos catalanes, nuestra opinión cambió… <Tranquilos, que ya si eso no salimos de casa, no vayamos a molestar…> Es que los barceloneses somos así...“
Andreu Buenafuente, monólogo del pasado lunes.

Anoche, cerca de la una de la madrugada, caminando desde Plaza Urquinaona a Plaza Universitat. Apenas diez minutos de trayecto a pie. La noche es desapacible, fría y húmeda. Parece que vaya a caer una tormenta de un momento a otro, pero la lluvia no acaba de llegar. La ciudad está, efectivamente, muy animada para ser un martes por la noche.

En la esquina de Fontanella con Vía Laietana, bandadas de taxis libres giran camino del Port Vell buscando ansiosamente pasajeros. Calle Fontanella arriba, me cruzo con un par de grupos de hombres jóvenes que parecen clonados: Todos altos y rubios, con traje azul marino y camisa blanca, portando una acreditación colgando del cuello y un maletín para el portátil. Hablan en voz alta en un idioma que no logro identificar, y ríen a carcajadas. En la Plaza Catalunya, los rotativos de las patrullas de la Guardia Urbana iluminan en azul brillante y algo siniestro las cristaleras de las oficinas y comercios. Varios agentes del citado cuerpo recorren la plaza y las calles anexas, no sé si en labores disuasorias o en busca de algo o alguien. A las que parece no disuadir en absoluto la presencia policial es a las prostitutas que, apostadas en los aledaños del Hard Rock Café, se quedan mirando, descarada y provocativamente, a los hombres que por allí pasan. Son un grupo de cinco o seis, todas africanas, vestidas tan brevemente que tienen que estar pelándose de frío. Paso frente a ellas, y aguanto con fijeza sus miradas insinuantes, como un entomólogo que examinara un raro ejemplar de mariposa. Entreveo tanta angustia como desesperación reflejados en sus rostros.

La esquina de más arriba, la de Ramblas con Pelai, tiene la misma afluencia de gente que una terminal del aeropuerto en hora punta. Taxis cargando pasaje. Taxis dejando pasaje. Taxis pasando vacíos, mirando con envidia homicida a unos y a otros bajo la luz verde. Y gente, mucha gente, gente de todas las nacionalidades imaginables, provistos de maletas, maletines, trolleys o bolsas de viaje, siempre con la dichosa acreditación colgando del cuello, siempre mirando alrededor, sonriendo tímidos, hablando a voces en idiomas extraños. En las Ramblas, a lo lejos, se oyen risas estentóreas y cantos ebrios. Por la Calle Pelai me cruzo de nuevo con dos o tres grupos como los de Fontanella, hombres jóvenes, trajeados y de aspecto nórdico. Me sorprende, no lo había pensado hasta ahora, la nula presencia femenina en estos grupos de congresistas… Y en la esquina de Plaza Universitat, a la altura de los cines Lauren, un nuevo grupo de prostitutas, gemelas de las del Hard Rock Café. También africanas, también medio desnudas, también con el frío, el miedo y la ansiedad enturbiando sus vacías y pretendidamente insinuantes sonrisas.

Llego a casa, al fin. Elma me espera mirando la televisión, las noticias del canal 3/24 concretamente, acurrucada, adormilada, en el sofá, abrigada bajo la manta granate regalo de Gas Natural. Le doy un beso. Se espabila, y cuando quiero recuperar la verticalidad sus brazos me retienen por el cuello junto a su rostro. El beso se prolonga. Cuando por fin nos separamos, tengo en los labios una sensación de vacío, de ausencia, como si me faltara algo. Se medio incorpora, mirándome sonriente. “¿Lo has pasado bien?” pregunta. Me encanta su sonrisa. Respondo que sí. Me siento bien, muy bien. Sé que estoy en casa. Porque donde esté ella, allí estará mi casa.

Nos leemos!

6 comentarios:

pseudosocióloga dijo...

Que gusto, hogar, dulce hogar.

la reina del mambo dijo...

Que bien y que bonito!!! me encanta que no todo sea estrés.
Besos

MARIAN dijo...

no hay nada mejor que el saludo del ser amado para que se te olvides los malos momentos del día. Un saludo

Co dijo...

No hay lugar como tu casa, y más si en ella está la persona que te hace sentir que es tu hogar y tu lugar en el mundo!

Rosa Rizalas dijo...

No hay nada como una gran convención de lo que sea en una gran urbe para darse cuenta de lo solos que podemos llegar a estar (aunque ¿qué sabré yo?)

Pero desde luego lo mejor de todo es llegar a casa y que alguien a quien quieres y que te quiere esté allí para besarte y recordarte que no estamos solos.

Un besico y por supuesto que nos leeremos

Celia dijo...

Precioso final!