domingo, 27 de marzo de 2011

Un balcón en la calle Brusi

El taxi llegó al final de la calle Aribau, girando a la derecha para tomar Vía Augusta, y justo después, en la siguiente manzana, dobló a la izquierda por calle Brusi, estrecha vía de un solo carril que, misteriosa y serpenteante, sube desde la parte alta del Eixample, Barcelona arriba, buscando la Plaza Bonanova.

Sentado atrás, a la derecha, en la parte contraria al conductor pakistaní que, silencioso y reconcentrado, guiaba con brío, pisando el acelerador sin miedo, el viejo Skoda Octavia de ruidoso motor diesel, me dejaba llevar entre zaguanes, farolas y pequeños grupos de gente fumando y charlando a la puerta de los bares, solo preocupado de mirar el reloj. Entraba de guardia a las diez, eran menos cuarto, y no quería llegar tarde.

El taxi se detuvo en un semáforo en rojo. A mi derecha, en el chaflán, se oían voces y risas procedentes de un local abierto, de curioso nombre Bar Business, y pensé en toda la gente que, a primera hora de un sábado por la noche, estaría bebiendo, charlando y riendo en cualquiera de los miles de bares abiertos en la ciudad, empezando su noche de fiesta, y no como yo, corriendo para llegar a la hora al trabajo tras entretenerme (tiempo muy bien aprovechado) en pasar un breve rato con Elma.

Mirando hacia el bar, a ver si se veía algo o al alguien (pura curiosidad morbosa) reparé de pronto en el balcón del primer piso del edificio, abierto justo sobre la terraza del bar. Una mujer fumaba apoyada en la barandilla, mirando distraída y absorta algún punto inconcreto de la fachada del edificio de enfrente, sumida en sus propios pensamientos. Era una mujer de mediana edad, atractiva, rubia, y de cuerpo bien proporcionado. Vestía un primaveral conjunto de falda corta avolantada en tono marfil, de apariencia vaporosa, que mostraba las bonitas rodillas y el prometedor inicio de un par de jugosos muslos, suéter de punto fino de verano, azul claro sin llegar a ser pastel, y fular de color marfil, a juego con la falda, que llevaba desanudado, dejándolo caer libre, en forma de estola. Si hubiera llevado la cámara a mano, no hubiera dudado en fotografiarla. Su imagen allí sola, fumando en el balcón, iluminada por la pálida luz de las farolas, era de una belleza innegable y casi diría enternecedora, y me quedé mirándola absolutamente embelesado. Un hombre joven apareció tras ella, saliendo al balcón desde el interior de la vivienda. No le vi la cara, porque, abrazándola por detrás, dobló la cabeza para besarla en el cuello, pero vestía elegantemente, americana oscura y camisa muy clara, tal vez blanca.

Hubiera dado gustoso mi sueldo de esta noche por quedarme a mirar la dulce imagen, os lo digo en serio, soy de natural curioso y, en este caso, había algo en la tierna escena, su oscura belleza, su melancólica ternura, su no sé qué añadido de sexualidad, sensualidad y morbosidad, que la hacían mucho más atractiva aún a mis ojos de experto voyeur. Sin embargo, me quedé con las ganas. Cambió la fase del semáforo, arrancó raudo y veloz el taxi, y me alejé a toda prisa de la amorosa pareja, con destino a una noche de guardia, a mi deber, digámoslo así, que ya se sabe que la obligación es antes que la devoción.

Y aquí estoy, trabajando, consolándome pensando que esta noche el turno durará una hora menos (algo es algo) si es que los compañeros del turno de Mañana no se empanan y llegan todos una hora tarde, que bien pudiera ser. No dejo de pensar en esa mujer, en esa pareja, que a estas horas podrían estar haciendo el amor entre sábanas de raso, rasgando el silencio de la noche con gritos, gemidos y jadeos, allí en la calle Brusi, en su coqueto pisito encima del Bar Business... No dejo de pensar en ellos, no, y eso, por desgracia, me hace echar aún más de menos a Elma...

10 comentarios:

Madame Milagros dijo...

A mi me paso algo parecido ... el día de mi cumpleaños, ví a un tipo en el Retiro de Madrid... uff... que imagen se me quedo grabada... te entiendo perfectamente...
porque habrá momentos así ... se dirían incluso hasta mágicos...

besos y abrazos Jan, nos estamos leyendo.

pseudosocióloga dijo...

Como entiendo esa melancólica envidia, esa sensación de ir a contracorriente.....

Aida dijo...

Echar de menos también es bueno, se crecen las ganas... :)

Lakacerola dijo...

Bello relato a partir de un sólo instante. Buen domingo!!

Fiebre dijo...

Echo de menos el no tener un balcón en casa.
Soy fumadora...

Precioso instante Jan.

Misaoshi dijo...

Qué tierno, por favor. Casi me da pena haber comido ternerita T_T

Saludos.

Doctora Anchoa dijo...

Y cuando estás en uno de esos momentos parece hasta que se parase el tiempo... Me encanta que hayas compartido éste con nosotros.

la MaLquEridA dijo...

Cuando llegues con Elma, abrázala y has lo que sabes hacer jeje.

EriKa dijo...

Has hecho un gran relato de un momento de tu vida, instantes que la curiosidad hubiera querido saber como acaban, igual que nosotros.

Besitos.

Gloria C. dijo...

Toda una delicia tu relato.
Como extrañaba yo estas cosas tan gratas que cuentas en palabras amenas, coherentes y ágiles, que rico volver a leerte Juan.
Un besote.
Tratacha.