lunes, 7 de marzo de 2011

De sentimientos y sufrimientos

Irma, la hermana de Elma, se retuerce literalmente de dolor en el sofá. Gime, porque ya no le quedan fuerzas para chillar, mientras, en posición fetal, se agarra el abdomen con ambas manos, no sé si porque presionar hacia adentro el intestino le calma realmente algo el dolor, o porque ya tiene los miembros agarrotados. Elma se sienta en el sofá y, con toda delicadeza, toma la cabeza de su hermana y la deposita en su regazo, casi acunándola, mientras le pasa un paño húmedo por la frente, apartando el pelo lacio con suavidad, sonriendo, cariñosa, sin permitirse ni un solo gesto de pena.

Irma acaba de terminar otro ciclo de quimioterapia. Ya le han advertido que cada ciclo será peor que el anterior, porque su cuerpo, cada vez más envenenado, reaccionará con mayor virulencia a los oncofármacos. Ha terminado el quinto de los doce ciclos previstos y programados, y ya apenas puede soportarlo. ¿Cómo será cuando acabe el octavo, o el décimo? Claro está que por entonces los médicos le habrán subido algún peldaño en la escala de analgesia, pero aún así…

Poncio, el marido de Irma, está a mi lado, inmóvil, como sin fuerzas, mientras Alicia, la hija de Irma y Poncio, teclea furiosamente en el ordenador de su cuarto, no sé si jugando a algo o escribiendo un largo y al parecer furibundo mensaje. No es que pasen de ella, no, es que están cansados, y lo comprendo. Ellos llevan toda la semana cuidando de su esposa y madre, día a día, hora tras hora, con el tremendo desgaste emocional y físico que representa encargarse de un enfermo grave, y ahora, desmadejados, simplemente se dejan llevar de sus propios miedos, sus propios fantasmas, sus propios dolores. Agradecen sin palabras que, al menos por una sola tarde de domingo, Elma y yo hayamos ido a visitarles, y nos encarguemos de Irma, en la medida que nadie pueda encargarse, de cuidarla y consolarla, que es de lo poco que se puede hacer en su ayuda.

Elma no permitió que la sonrisa se borrara de su rostro ni que una sola lágrima bajara por su mejilla hasta estar en el metro, bajando la interminable escalera de la estación de la  Torrassa. Simplemente la abracé, pues no me sentía capaz de hacer o decir otra cosa que pudiera consolar a Elma, que pudiera reconfortarla o hacerle renacer sus menguadas esperanzas. A finales de mes hará dos años que murió su hermano Jorge, también de cáncer, y sé que, aunque Elma no lo diga, aunque no se atreva ni a pensarlo, y deseche la idea en cuanto cruza rauda por su mente, en el fondo se teme que su hermana Irma siga el mismo camino. Porque el tratamiento no va bien, sinceramente, no va nada bien. Y después de una operación y dos ciclos de radioterapia, ya no hay más alternativa.

Mi madre, creyente fanática, diría, y lo que es peor, se lo creería a pies juntillas, que este mundo es un valle de lágrimas y en él no cabe la felicidad, y eso la confortaría. Porque, si la felicidad es imposible, no debe dolernos no obtenerla jamás. Yo, que nunca he creído en esto, que siempre he visto que la felicidad está al alcance de unos cuantos, pocos, eso sí, y no siempre (casi nunca) los que la merecen, no puedo evitar pensar en el letrero que tenía un amigo mío colgado en la pared de su habitación: “El dinero no hace la felicidad. La compra hecha”.

Llegamos por fin a la estación de Santa Eulalia. El viejo acordeonista rumano que hace meses que ocupa el puesto oficioso de músico residente de la estación ejecuta sin brío una lambada, y me sorprendo, caminando con Elma por el largo pasillo que da a la salida de Riera Blanca, que una lambada pueda sonar triste, nunca jamás hubiera imaginado esa posibilidad, una lambada triste, pero así es, así la estoy oyendo. Al pasar por al lado del acordeonista, me paro en seco, para sorpresa de Elma y le dejo una moneda de dos euros en la funda vacía de su instrumento, lo que hace que el músico mire la moneda, que no es muy habitual que le dejen, y nos mire a nosotros luego, fijamente. “Toca algo alegre, por favor, algo que no suene a funeral…” le digo, y tiro luego de Elma en dirección a la calle. A nuestra espalda, el acordeón empieza a ejecutar, briosamente esta vez, el alegre canto del “kasatchok”, la tonada folklórica rusa, no la pastelosa versión de Georgie Dann, y será por un efecto placebo, no os digo yo que no, pero el corazón se me alegra un poco, solo un poquito, al oír la melodía.

La imagen que ilustra el artículo, “Blood  Tears”, póster de la artista gótica Victoria Francés.

14 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Pobre Irma. Y pobre Elma, a mí me tocó vivir en un familiar cercano un cáncer y es horroroso. Sólo espero que, aunque las expectativas no sean buenas, al final todo le salga bien.

Condesa Bathory dijo...

La felicidad consta de momentos muy pequeños pero ahí está. Espero que, dentro de lo posible, todo salga bien. Un abrazo muy fuerte.

la reina del mambo dijo...

Tiene que ser horroroso vivir algo así.
Animo
Un beso

Misaoshi dijo...

Lo que es me es más terrible pensar, es que mañana podría ser cualquier familiar... o yo.

Le podría pasar a cualquiera.

No sé cómo lo aguanta y leo esto y pienso que yo haría tiempo que me hubiera rendido... no soy nada fuerte.

Saludos y ánimos.

la MaLquEridA dijo...

Lo mejor que puede pasar es que Irma tiene a Elma y Elma te tiene a ti.



Un abrazo.

EriKa dijo...

Que dura es la vida a veces, que difícil poder entenderlo, porque si alguien sabe por que pasan estas cosas y le encuentra explicación que me lo diga, porque no lo entiendo.
La vida ya es suficientemente corta para que nos sorprenda de esa manera.

Besitos.

Jomeinitler dijo...

Los psicoticos no sufren nada.

Florencia ruiseñor dijo...

Puagggg!!! Psicóticos puaggg!!!!!

trastornadoresentido dijo...

Tengo una pregunta. ¿Cómo se relaciona el número de comentarios de apoyo que recibe la doctora Jomeini con su valor como ser humano?

Co dijo...

Jan! Que triste lo que contás! Ojalá Irme se sienta mejor pronto! Me imagino que a Elma se le deben pasar por la mente muchísimas cosas. Quizás ella piense que eso también le puede pasar y eso la pone triste.
El cancer, así como otras enfermedades crónicas y dolorosas, son una cagada porque no solo las padece el que las tiene sino todo el torno termina agotado y enfermándose también!

Besos y fuerza!

Madame Milagros dijo...

hola Jan!! que te digo que ya no te imagines... mmm a veces es peor saber la verdad y prepararse.. porque tener las esperanzas y luego nada de nada es más triste... no sé pero creo que habría que analizar si tiene calidad de vida con las radioterapias, bueno eso es decisión de Irma y su familia, pero si sufre tanto pues tal vez sea mejor abandonarlas... pero esto como te digo solo como sugerencia...
abrazos y besos para vos y Elma, solo les digo fuerza hasta el final!! nos estamos leyendo.

Gloria C. dijo...

Pues aquí me tienes amigo, la verdad es que siempre he estado pendiente de ti y aunque ya mucho no paso por la cocte, cada que entro busco tu blog, o todos ellos, para ver que se de ti y con tristeza notaba tu ausencia de allí, pensaba claro en que te gusta cambiar, de tanto en tanto y que esta ves no queridas de pronto, que te encontráramos, quienes te seguíamos por allí.
me encanta verte en este sitio a donde vengo de cuando en cuando y donde si no te opones te seguiré también con el mismo placer y cariño, que lo he hecho en las otras casas.
Mi abrazo estrecho y cariñoso, querido Juan.
Tartacha.

Lakacerola dijo...

Ánimo..hay que seguir p'alante.

la MaLquEridA dijo...

Te dejo un abrazo esperando que todo vaya bien.