lunes, 23 de enero de 2012

Mentiras y caballeros errantes

El Dr. S me dice que su esposa murió hace apenas un mes tras una larga enfermedad. El Dr. S dice que no quiere divulgar su pérdida, que no quiere causar lástima, pero se apaña para que, de un modo u otro, toda la empresa acabe sabiéndolo, admirando su entereza al no tomarse ni un día libre, para seguir trabajando, lo único que según él le reconforta en tan difícil momento. El Dr. S recibe con fría dignidad pésames y condolencias, y esboza una torcida sonrisa antes de asegurar que saldrá adelante. Porque su difunta esposa así lo querría, y por sus hijos, sobre todo por ellos, ahora que solo le tienen a él.

La Dra. M me dice que quiere hablar conmigo en privado, que quiere consultarme algo, y se me hace un nudo en el estómago. Está inquieta, nerviosa y apesadumbrada, y preveo que algo debe estar perturbándola mucho para querer hablarlo conmigo. La Dra. M es, por supuesto, una mujer adulta, pero tan transparente como una niña, y está realmente acongojada. Me preparo para lo peor, y la escucho atentamente, mientras me habla casi al oído, en un rincón apartado de un Office solitario a altas horas de la madrugada. La Dra. M compartió plaza de medicina de familia en el mismo centro de salud que el Dr. S, y conoce a su mujer. Sí, CONOCE. En presente. Porque no está muerta. Porque sigue viva y coleando, trabajando de enfermera en un hospital portugués, donde ha marchado, abandonando al Dr. S, huyendo más bien de él. Pero vive, ya lo creo que vive, a pesar de las mentiras y las condolencias. “¿Qué crees que debo hacer, Jan?” me pregunta. “¿Debería contárselo al Director Asistencial?” Niego con la cabeza. Nuestro Director Asistencial y el Dr. S son culo y mierda, con perdón de la expresión, y creo que sabe mucho más de lo que aparenta. “Olvídalo. Créeme, es lo mejor para todos, y sobre todo para ti misma, M.” Ella aún duda “Pero Jan, el comportamiento de S. no es normal, roza la psicopatía, me preocupa… Me da miedo…” Paso una mano por su cabello rubio pajizo, un gesto que parece confortarla. “Tranquila. Mientras él no sepa que lo sabes, mientras no sepa que tú has hablado, no tienes nada que temer”. En ese momento, justo en ese preciso instante, Nena entra en el Office para llenar su botella de agua, y nos ve. Nuestros rostros muy juntos, hablándonos casi al oído, mi mano en su pelo, y su mano en mi antebrazo… Nena se nos queda mirando, sorprendida, y sé lo que está pensando, y sé que en apenas unas horas el rumor se extenderá por la empresa, pero no puedo evitarlo, así que ni trato de disimular, ni doy explicaciones que no creería.

Nena me dice que no se lo esperaba de mí, tanto que hablo de Elma y de cómo la quiero, y menos aún de la Dra. M, tan tímida y mojigata, tan aparentemente bien casada. Y yo sonrío y le digo que se equivoca, y que pronto se lo demostraré, que me dé un voto de confianza antes de contarlo a los cuatro vientos. Nena duda, y le recuerdo que fui uno de los pocos que confió en ella cuando acabó su turbulenta historia con J…, cuando sola, arruinada y debiendo asumir deudas que no eran suyas, la defendí ante la Dirección, que no hubiera dudado en despedirla. Sus problemas personales la distraían, y cometió varios errores consecutivos e imperdonables. Eso por no mencionar el absentismo causado por pasarse las horas muertas en juzgados y comisarías. Yo confié en ella, y le pido que confíe en mí, y Nena finalmente me da cuartelillo, pero sé que es un crédito que se agotará pronto.

El Dr. S me cuenta, más tarde, que debe testificar en un juicio penal que se celebrará tras denuncia del Institut Català de la Salut contra uno de sus mejores amigos, también médico, por un oscuro tema de falsificación de recetas. Yo respondo a sus preguntas, todas procesales, de orden técnico jurídico, disimulando, como sin saber que tal amigo no existe, que el acusado es él, y él, de nuevo, quien falsificó no solo recetas, sino informes y toda clase de documentos. La Dra. M nos mira desde unas cuantas mesas más allá, mordiéndose la lengua, como con ganas de estallar, dar un puñetazo en la mesa y contarlo todo a gritos, pero la fulmino con la mirada, y calla. No sé por cuanto tiempo.

Y a todo esto, viene Amy, cuando regreso a mi sitio meditando qué y a quién debo contar de lo que sé, y me explica con ojos vidriosos que ha roto con el Dr. J, mejor dicho , que cuando llegó a casa después de una noche de guardia, se encontró a J. con todo su equipaje empaquetado, ya dispuesto a la marcha, se había quedado solo para despedirse, sin más, sin oportunidades ni explicaciones. Que no era ella, claro, que era él, que se estaba agobiando, que mejor así, que si no se harían mucho daño y acabarían odiándose… En fin, excusas baratas de mal pagador. Que se le acabó el amor, y se largaba cual alma que lleva el diablo. Amy llora ya a lágrima viva, sin poder ni querer contenerse, y me conmueve, porque no es precisamente de lágrima fácil, así que cojo su mano tratando de consolarla, aunque sé que de poco servirá mi gesto. “Tengo boca de puta y coño de princesa” sentencia Amy con rotundidad “Y eso me pierde, ya lo sé. Debería ser al revés, mejor me iría…”

Vuelvo a casa sentado en la penúltima fila de asientos del autobús 58, con la cara apoyada en el frío cristal de la enorme ventana del vehículo. Pienso en todas las cosas que he dicho y oído esta noche, sobre todo, en las que me han contado. Una maraña oscura. A veces, solo a veces, me siento como un auténtico caballero errante, cabalgando solo en un mundo de maldiciones, apestado de maldad, de intrigas, de mentiras, de odios y traiciones.

La imagen que ilustra el post, Caballero Errante, de Jhoneil Centeno, basada en creaciones de George R. R. Martin.

14 comentarios:

Onara dijo...

A todos, en un momento u otro, nos toca pasar por un mal trance, por situaciones difíciles en las que no sabemos cómo actuar, o simplemente, no sabemos cómo mantenernos a flote y no hundirnos en nuestra miseria.

Por suerte, hay gente como tú en el mundo, ya sea para dar un buen consejo, ya sea para ofrecer un gesto de cariño y comprensión... eso hace que el mundo cruel en el que vivimos sea más humano y menos oscuro.

Un beso Jan.

Misaoshi dijo...

Madre mía es que se ha juntado todo ahí...

Lo de "matar a la mujer" antes de tiempo, qué fuerte me parece. Pero tarde o temprano se sabrá la verdad.

Y por lo que parece J. ha estado bien ocupado con doctoras y demáses. Esto parece una serie de televisión...

Y yo buscando a mi enfermero, me lo estoy pensando xDDD vaya rollos pasan en los hospitales.

Fiebre dijo...

No acabo de entender a Nena. ¿Cuartelillo? ¿Agotarse?
Es tu vida y aun en el caso que fuesen verdad tus escarceos, nada tan lógico como cerrar la puerta despacito y "yo no he visto ná".

Lo de S. es de traca...pero me lo espero en la carroña humana.
Es la actitud de los "aparentemente más buenos" lo que últimamente me trastoca. Y en este post lo que más me ha llamado la atención es que los malos van ahí a lo suyo (como es lógico)...y el bueno del cuento justificándose ante otra "supuesta buena".
Algo me pierdo, o me estoy convirtiendo en una pasota integral mientras no me dañen a mí.

Que no sé si me he explicao bien, pero es tarde, tengo sueño...y reconozco que me enviciao con el twitterlosgüitos.
Por otra parte un post de 10. De serie Anatomía de Gray.

Hazte guionista Jan. Eres un filón.

Doctora Anchoa dijo...

En el trabajo, lo tengo más que claro: sólo presto atención a la gente que me importa, o que me cae bien. Con los demás, tengo trato educado pero sin darles la más mínima confianza para que me empiecen a contar historias para no dormir. Y lo agradezco, la verdad.

Babilonio dijo...

Pues como tal caballero no errante no te queda mas que ser fiel a ti mismo y a tus principios, es lo que toca.

Lo malo es que la deducción lógica sería que la proxima vez va a apoyar a Nena Rita la Cantaora.

Buena entrada para una mañana mala.

Saludos.

pseudosocióloga dijo...

He sentido esa sensación.
En mi trabajo he visto de todo, y tenemos un mentiroso compulsivo.
Me muero de curiosidad.¿Que vas a hacer respecto a S?

Co dijo...

La verdad que es duro. Pero de seguro que no sos el único. Lo que si, me parece que en el lugar donde trabajás te han tocado todas, eh! No zafas de ninguna historia. Son todas cosas enmarañadas y siempre malas. ¿No te dan ganas de irte de ahí?

Jan Berg dijo...

Onara, muchas gracias por tus palabras, aunque la verdad, en este caso en concreto, no creo poder hacer mucho...

Jan Berg dijo...

Misa, no estés tan segura que tarde o temprano se sabrá la verdad, sé por experiencia que hay verdades que no llegan a saberse jamás.

Jan Berg dijo...

Fiebre, sí, tienes razón, Nena no hubiera debido meterse en nada, pero soy pragmático, ya está metida, y si el rumor se propaga, aunque sea falso, hará daño.

Así que prefiero atajarlo de raíz a preocuparme por lo que hubiera debido ser, que sí, que debiéramos estar más a lo nuestro y dejar más tranquilos a los demás...

Jan Berg dijo...

Dra. Anchoa, aplaudo tu postura, pero no siempre es posible.

Es este caso en concreto, por ejemplo, no lo es...

Jan Berg dijo...

Babilonio, efectivamente, no me queda más que eso. ¿Cómo era el juramento de la caballería, tras la bofetada inicial? Algo así como decir siempre la verdad y defender siempre al débil, aunque me cueste la vida...

Lo de Nena, bueno, ya veremos.

Espero que tus mañanas hayan mejorado algo desde el domingo.

Jan Berg dijo...

Pseudosocióloga, con respecto a S. lo único que puedo hacer lo he hecho ya, y es contar la verdad que conozco a alguien del staff, la única que me merece algo de confianza dentro del "Top Five" de la empresa. ¿Hará ella algo al respecto? No lo sé. Desde luego que actuará en función de sus propios y particulares intereses, y no en defensa de la justicia, eso lo tengo claro, pero es que tampoco puedo hacer más...

Jan Berg dijo...

Co, mi querida Co, no, no me dan ganas de irme, porque aparte de estas historias las condiciones laborales no están mal, y porque tengo claro que en todas partes cuecen habas, he pasado ya por varios trabajos, y créeme, no es éste el sitio con peor ambiente ni peores historias que he visto...