lunes, 17 de octubre de 2011

Sexismo en la ferretería

Elma y yo estamos inmersos en una nueva vorágine bricomaníaca coincidente con los días de vacaciones que compartimos. De momento, solo en el fin de semana, ya hemos colgado dos estanterías nuevas en el trastero, y lo más trabajoso de todo, montado y colocado una marquesina de policarbonato con estructura de aluminio, la primera de las tres con que pensamos cubrir nuestro patio.

Pues bien, Elma había aportado, entre otros bienes, al patrimonio de nuestra unión de hecho (convivientes more uxorio, dirían los romanos, y esa expresión, more uxorio, “a la manera de una esposa”, me gusta mucho más, pero queda, también, más anticuada, así que cederé por una vez al dictado de la modernidad) un taladro que ella había adquirido hace un par de años y que venía usando en su anterior vivienda. A Elma le gusta el bricolaje, y no solo le gusta, se le da bien, es una auténtica “manitas” que lo mismo arregla un grifo que gotea que cuelga una lámina panorámica del skyline de Nueva York en la pared del fondo del salón, y como buena bricomaníaca tiene una surtida caja de herramientas. El taladro en cuestión, sin embargo, lo había comprado de oferta en el Carrefour, no tenía marca conocida, y era de dudosa calidad. Total, que con el tute que le hemos dado los últimos meses, ha sucumbido, y ahora ni taladra ni nada, solo hace ruido, mucho ruido: Se ha convertido en un sonajero gigante.

Desde que nos quedamos sin el taladro de marras, hemos pedido uno cada vez que lo hemos necesitado, y siempre alguien nos lo ha dejado, pero claro, depender de la generosidad ajena no es el ideal para trabajar a gusto, y por otra parte, a mí me daba ya grima andar una y otra vez detrás de vecinos y compañeros de trabajo para que nos presten la dichosa herramienta.

Naturalmente, lo que teníamos que hacer es comprar otro taladro, y con ese propósito nos personamos Elma y yo esta mañana en el mostrador de una ferretería en cuyo escaparate habíamos visto alguna de estas máquinas a precios razonables. Un hombre provisto del reglamentario guardapolvo grisazulado nos ha dado los buenos días, y yo, decididamente, he pedido que nos mostrara taladros. Los más baratos de entre los que fueran percutores, tal como me había dicho Elma que debía ser nuestro taladro. Solícito, el dependiente puso sobre el mostrador tres voluminosas cajas, detallándonos las características de cada uno de ellos.

Mientras yo miraba impávido las máquinas de marras, sin distinguir ni interesarme cuál sería la mejor para nuestras necesidades, solo Elma le preguntaba por detalles técnicos de cada una, y solo Elma cogió un par de ellas en sus manos, ponderando el peso de ambas, y cuál podría manejar con mayor facilidad. El dependiente respondía a sus preguntas, pero siempre me miraba a mí cuando añadía alguna explicación o precisaba algún detalle. Cuando Elma cogió el segundo taladro, el dependiente, en un gesto inesperadamente brusco, casi se lo arrancó de las manos para pasármelo a mí, que lo agarré más porque me había pillado por sorpresa con su gesto que porque realmente quisiera cogerlo.
-Mire Ud. – me dijo, dirigiéndose claramente a mí, e ignorando a Elma, que le miraba echando chispas por las pupilas – cómo éste, a pesar de ser algo más potente, pesa menos que el otro…

Yo, sonriéndome, le miré con cara que quiso ser de asco, y le pasé el taladro a Elma.

-Es mejor que sea ella quien valore qué máquina pesa más o menos.

Atónito, el dependiente ya no disimuló su completa extrañeza.

-Pero… ¿Por qué…? – Preguntó con  expresión de absoluta confusión.

-Pues amigo – respondí yo reprimiendo la risa – Porque es ELLA la que taladra…

El hombre quedó boquiabierto, admirado, épatado, en estado de shock, creo esa frase bastó para que se le vinieran abajo casi todas sus estructuras mentales.

EPÍLOGO: Elma y yo somos, desde esta mañana, poseedores de un magnífico taladro Black & Decker KR-504-CRE como el que ilustra el artículo en la foto de arriba. Eso sí, comprado en una ferretería del grupo COFAC, más barato y más a gusto que en la ferretería del tipo del guardapolvo. Elma es muy suya, y no comprará a quien la ignora de semejante manera…

9 comentarios:

Diosa Lobezna dijo...

No sé de que se extraña el dependiente si ya hay muchas mujeres que se ocupan ellas mismas de esas cosas. Boh me he indignado porque el tío no sé si es un machista, un capullo o, simplemente, retrasado. Al menos le dejasteís callado. Un beso Jan!

pseudosocióloga dijo...

Me ha encantado, por fin un final feliz.
Yo también estoy redecorando mi vida y a mi no me gusta el bricolage...NADA.
Por cierto, R.E.N.F.E ha acusado mi reclamación, me ha dado la razón, se ha disculpado y ha dicho que me van a reembolsar, tras solo cuatro meses de dimes y diretes.

Celia dijo...

Cuando te estaba leyendo anticipándome al desenlace entendí que al final lo habías comprado en la primera ferretería, y con el ceño fruncido pensé: Yo no lo hubiera comprado ahí, por machista y por maleducado de preguntar: "¿¿por que???
Por lo que al leer que Elma es de las mías y cuando no la entienden bien no duda en ir a otro lugar hacer la compra. He sonreído satisfecha. Ja ja!

la reina del mambo dijo...

Bien por Elma...
Un beso

Mi casa de juguete dijo...

Lo que da de si el bricolaje...

Lili dijo...

Me gusta Elma. Yo no entiendo de taladros, pero sí de machismo, y habría hecho igual: a tomar viento el hombre del guardapolvo, será por taladros!
Un beso!

Misaoshi dijo...

Bien por Elma, ir a otro lugar mucho mejor y más barato y donde no la talden de inútil del bricolage.

Aunque también entiendo al tío, si hubiera sido él habría disimulado su cara de: "no puede ser, una mujer". Más que nada porque ahora mismo no es como hace años, que era más raro. Y si se hubiera disculpado y se hubiera reído de su manera de actuar en vez de quedarse en estado catatónico habría mediosalvado la situación al menos, ¿no?

Ánimo con vuestro taladro!! Elma es digna de admirar jajajajaja

Babilonio dijo...

No me ha extrañado en absoluto, es inevitable. Si yo entro en una mercería a buscar agujas de hacer punto también ponen cara rara.
Me parece correcto lo de irse a compararlo en otro sitio, estais en vuestro derecho.

Pasate por mi blog, tienes una cosilla, saludos.

la MaLquEridA dijo...

Es que las mujeres de hoy ya no son tan dependientes como antes y hay que habituarse a los nuevos tiempos.


Por cierto un aplauso a Elma y un abrazo para ti.