lunes, 4 de julio de 2011

De amistades y falsedades

Escribo un correo electrónico a un amigo, al que ciertamente llevaba tiempo sin escribir (Él a mí tampoco me ha escrito). Le cuento en detalle muchas de las novedades que han ocurrido últimamente en mi vida. Recibo el silencio por respuesta, y me extraña, porque siempre ha sido puntual en sus contestaciones. Al cabo de un par de semanas, le envío otro correo como recordatorio, en plan jocoso, claro, que tampoco me gusta presionar a nadie. Oye chico, qué te pasa, ¿Te han abducido los extraterrestres...? Me contesta al fin, en plan borde. Es que claro, me cuentas tantas cosas en ese correo tan largo, que me da mucha pereza contestarte con la misma extensión. Alucino. ¿Que te da pereza? ¿Y me lo dices así, tan fresco? La verdad, mi correo no me parece TAN largo, pero, dejando esto aparte, ¿Cómo es eso de que te sientes obligado a contestarme con la misma extensión? ¿Por qué? ¡Es un correo, no un cuestionario!

Escribo otro correo electrónico a otro amigo de León, este algo más neutro, que tenemos menos trato, solo lo más típico, mantener el contacto, saber algo de nuestras vidas, que cómo estás, que como te va todo, que si nos veremos por San Roque... Me contesta descolgándose con un lacrimógeno mensaje digno de un novelón decimonónico, que está fatal, que se siente abandonado de todos, y sobre todo abandonado del amor, tras llevar dos años solo... A ver, guapito de cara, qué me estás contando. Recuerdo perfectamente que en Agosto del año pasado, cuando nos vimos por última vez, allí en el pueblo, decías que en cuanto volvieras a Vetusta, donde vives, firmarías los papeles de la separación, que como era de mutuo acuerdo ya tenías citación para comparecer en el Juzgado de Familia la primera semana de Septiembre. Y decías, también, que habíais dejado de vivir juntos a finales de Junio, solo mes y medio antes. Todo eso decías en Agosto de año pasado, amigo, así que ya me perdonarás si me repito: ¿Qué me estás contando, colega? ¿Qué película es esa de que llevas dos años solo?

De veras que no lo comprendo. Sé que me pongo pesado, pero no puedo comprender falsedades y juegos mentales entre amigos. Es evidente que no siempre apetece mostrar tus miserias a los demás, pero yo al menos, si no quiero contar algo, no lo cuento, manteniendo un digno silencio. Pero no se me ocurre sacarme de la manga una respuesta rocambolesca y menos aún una mentira.

Así que me pregunto, ¿Dónde quedaron la confianza, la franqueza, la sinceridad, la honestidad o la honradez?

Y me pregunto de nuevo, ¿Qué se hizo de la hombría entendida en el buen sentido, que lo hay?

¿Es que se ha muerto todo lo bueno del mundo, y sobrevive solo la morralla?

Sé que no es así. Entre otras cosas, porque tengo amigos que no son como estos que acabo de describir. Pero entre lo que está pasando en el trabajo y los dislates de estos conocidos (Me niego a llamarles amigos), de veras que a veces dudo que exista vida inteligente en el planeta Tierra...

4 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Buffff, qué chungo cuando te encuentras con personas así. La amistas es algo que no todos entendemos por igual, y las dos partes no siempre tienen la misma concepción de qué tipo de relación hay entre ellos. Y luego por supuesto están las personas con comportamientos extraños y casos casi clínicos de bipolaridad, claro.

pseudosocióloga dijo...

Podría poner dos ejemplos casi exactos de dos seres de mi entorno, el personal está fatal y ¿principios?...eso ¿qué es lo que es?

la reina del mambo dijo...

Me pregunto lo mismo que tu muchas veces.
Un beso

Madame Milagros dijo...

yo ando por el mismo camino, recién me di cuenta que los que se dicen tus amigos pues no lo son, ya los momentos de probarlos llegan y fallan... eso si que trae un pesar... te entiendo Jan... por eso yo ya me voy a alejar de la humanidad, que yo si que ya no quiero mas de estos encontrones...
besos y abrazos, nos estamos leyendo.