domingo, 24 de abril de 2011

Un Sant Jordi extraño

Ha sido éste un Sant Jordi en verdad extraño. Sábado Santo, mitad del puente que en Barcelona va de viernes a lunes, y además, en mi caso, semana larga de trabajo, o sea, tres noches consecutivas de guardia, a saber, viernes, sábado y domingo. En resumen, pocas ganas, muy poco tiempo, y nada de lo que otros años hicimos este día Elma y yo: Ni pasear por Barcelona, ni comprar libros, ni ir a que nos los firmaran sus autores... Nada.

Puse el despertador un rato antes para poder disponer de apenas media hora de tiempo extra que me permitiera comprar la rosa, porque eso sí que no lo hubiera consentido, que Elma se quedara sin rosa. Tenía la idea de comprar para ella una rosa de esas que van bien envueltas en una caja, que aguantara hasta la tarde, cuando se la iba a dar, pero no había en ningún puesto cercano a casa, y tampoco tenía tiempo de ir mucho más lejos en su busca. Recorrí la Plaza Universitat enterita, me metí por calle Tallers hasta Plaza Castilla, de allí por calle Jovellanos hasta calle Pelai, me desvié por calle Vergara, y subí calle Balmes arriba hasta la Gran Vía. Harto de ver multitud de rosas pero ninguna como la que buscaba, llegué a un puesto de la esquina con calle Aribau, volviendo a casa tras completar el periplo anteriormente descrito en forma de círculo, y sin tiempo ni ganas de dar más vueltas compré allí dos rosas normalitas para mi madre y mi tía (Mi madre hubiera montado en cólera de saber que gastaba más dinero del estrictamente necesario en una rosa para ella) y una algo más bonita, metida en un pequeño florero, para Elma.

Siempre pretendo regalar a Elma la mejor rosa de Barcelona, pero diría que solo un año, en que la regalé una espectacular rosa color naranja con un tallo casi tan largo como ella misma, pude decir que lo había conseguido, que no había rosa más bonita en la ciudad. Ayer desde luego no fue ni de lejos así. Yendo a darle la rosa y pasar un tiempo en su compañía antes de venir a trabajar, miraba con verdadera envidia a una pareja sentada frente a mi en el vagón de metro. La chica, una morenaza de curvas mareantes, lucía orgullosa en su mano una llamativa rosa color azul claro, exótica y bellísima, y mi rosa roja en su absurdo florerito me parecía al lado de aquella como de segunda clase, aunque ya sabía que a Elma le iba a gustar igual, y de hecho siempre me dice que con la intención basta, que no me gaste tanto, que le compre una rosa normal, de las baratas, que a ella le da igual. Pues mira, a mí no. A mí me gustaría, y tal vez algún día pueda permitírmelo, dar a Elma lo mejor de cada cosa, porque ella no se merece menos.

Lógicamente, la rosa, aunque yo hubiera querido que fuera mejor, hizo igual su efecto, a Elma le encantó y la puso con florero y todo en un lugar privilegiado de la estantería del salón, como si mereciera ser expuesta. Después, paseamos por las animadas calles de Santa Eulalia, hasta ese bar que llamamos nuestro bar, y charlamos allí largamente. Nos acechan los problemas, y pronto, seguramente antes de verano, deberemos tomar decisiones difíciles. Pero ayer por la tarde, finiquitando el extraño Sant Jordi sentados en la mesa del rincón oscuro del bar, nos complacíamos tan solo de nuestra mutua compañía, sin dejar que nada nos perturbara, hasta lograr que el mundo desapareciera de alrededor, que durante unos minutos solo existiéramos Elma y yo y nada ni nadie más importara. Al final, claro, el mundo siempre acaba imponiéndose. El maldito reloj dice que ya es hora de ir a trabajar, y no queda sino acatarlo, despedirse con un largo, dulce y cálido beso frente a los tornos de acceso a la estación de metro de Santa Eulalia, y dejar que el recuerdo de esos minutos felices a su lado sea bálsamo que calme los escozores de la interminable noche de guardia...

7 comentarios:

Madame Milagros dijo...

Jan... para las mujeres siempre importa el detalle, no el tamaño ni el costo... pero si vos te sientes cómodo comprando la mejor rosa pues date el gusto...
espero que los problemas que se avecinan no te debiliten, sal con fuerza y lucha por lo que quieres. Espero todo te sea más leve... besos y abrazos, nos estamos leyendo.

la reina del mambo dijo...

El detalle es lo importante. Que los problemas no empañen la felicidad.
Un beso

Lakacerola dijo...

¿Una rosa azul? Uauuuu!!!

la MaLquEridA dijo...

Para Elma, la rosa que le regalas siempre es la mejor Jan.



Un abrazo.

Doctora Anchoa dijo...

Me parece un detalle precioso por tu parte, el currártelo buscando una rosa especial para Elma, aunque una cosa también te digo: ella estará emocionada con cualquier rosa que le regales.

Co dijo...

Jan, no te frustres poruqe lo que Elma aprecia es el gesto y no el objeto en sí. Está buenísimo que quieras darle lo mejor, es una gran muestra de amor, pero a veces el amor hace que todo lo veamos hermoso por más que no lo sea! No se cuáles serán esos problemas, espero que no sean graves, pero tenes que ser consciente de que todos se superan y la mayoría de las veces se sale fortalecido. Asique mis mejores deseos para que se resuelvan pronto. Ahora yo me pregunto, ¿a que se debela tradición de regalar una rosa?

EriKa dijo...

¡Pero si eres como Sant Jordi!, un caballero andante en busca de la rosa más bonita para la persona amada, recorriendo calles y puestos.
Creo que lo enfocas mal, ha sido un Sant Jordi diferente, lo único que te ha faltado ha sido tener más tiempo para disfrutar del día con Elma, aunque esos momentos a falta de tiempo, son más saboreados, los vives con mucha más intensidad.
A mi me pasa como a Elma, le digo a mi marido que no se gaste mucho en la rosa, este año me ha traído una multicolor, bonita y rara, los petalos se han deshojado muy pronto, pero la intención es lo que cuenta.

Besitos.