martes, 14 de junio de 2011

La vida sigue igual

Mi piso ”de soltero” que, proverbialmente y como tal, parecía una leonera, empieza a tomar forma de vivienda habitable por una pareja civilizada de clase media. Lo que no sabría decir es si Elma y yo entramos en la categoría. Reconozco que el mayor esfuerzo lo ha hecho ella, si bien, tras semanas de limpieza y reformas, en que he salido airoso de tareas que nunca pensé hacer, creo que solo me falta una camisa de cuadros para poder presentar la próxima temporada de Bricomanía. He hecho un poco de todo, cortar maderas, pulir metales, elevar alacenas, colgar estanterías, purgar radiadores... ¡Yo! Cosas veredes, amigo Sancho...

Aún queda el trago de la mudanza. Hemos ido trayendo cosas de Elma, ropa de invierno, abalorios, cachivaches, alguna camiseta suelta... Falta lo peor. Tenemos además que adaptarnos. En primer lugar, adaptarnos a vivir juntos. Aunque tras superar estas semanas de obras a dúo sin especiales conflictos, no me preocupa eso especialmente. En el caso de Elma, adaptarse al nuevo piso, a los nuevos espacios, y también, cosa aún más difícil, a los nuevos vecinos y el nuevo barrio. Sé que se le va a hacer cuesta arriba. Ha ido haciendo el piso en el que vivía a su medida, reformándole a su gusto, despacito, año tras año, y ahora debe empezar de nuevo. Ya no quiero ni pensar cómo será despedirse de las vecinas que le ayudaron a criar a su hijo y estuvieron a su lado en los peores momentos, como por ejemplo tras el duro trance de su separación matrimonial. También en esto Elma se lleva la peor parte. Al fin y al cabo, yo no me muevo.

Para hacerlo más interesante, todo este vaivén literal y emocional coincide con una punta de trabajo en mi empresa, entre nuevas y cruentas batallas, que nuestra “guerra civil”, lejos de calmarse, se recrudece.

Por si algo faltaba, la semana pasada me enteré de sopetón que a una buena, vieja y querida amiga, antigua compañera de la Facultad de Derecho, le han diagnosticado cáncer de recto, y ya van... nosecuantos casos en mi entorno. Justo ahora que Irma, la hermana de Elma, tras pasar momentos críticos en que casi nadie creyó que saldría adelante, está recuperada y parece haber superado el cáncer de colon, esto me toca mucho la moral.

Sé de memoria lo que le espera a mi amiga, el largo y doloroso camino que deberá recorrer a partir de mañana, en que le harán resección de una buena porción de centímetros de intestino. Luego, ciclos de quimioterapia, sesiones de radioterapia, al menos una nueva intervención... En el mejor de los casos y suponiendo que todo vaya bien, un año de tratamiento, un año bien duro que la espera.

La vida sigue igual... No he elegido este título porque me guste Julio Iglesias, salvo tal vez su canción La Carretera y a mucho apurar el álbum homónimo, y eso tan solo porque identifico esa canción y ese álbum con momentos, lugares y circunstancias concretos de mi pasado que me traen buenos recuerdos. Pero me estoy dispersando. Elegí el título porque ayer, mirando por la ventana el tráfico populoso de la Gran Vía barcelonesa, pensé que, efectivamente, nos pase lo que nos pase a título particular y personal, sea bueno o malo, para los demás el mundo sigue girando, y sus vidas siguen inexorablemente su curso. Elma y yo viviremos juntos, lo que es bueno. Rita, mi amiga, se juega la vida en una operación que en el mejor de los casos le conducirá a una larga, lenta y dolorosa recuperación. Eso es malo, muy malo. Pero a los que ayer por la tarde caminaban por la Gran Vía, o hacían sonar el cláxon irritados por la lentitud con la que cambia el semáforo que da paso a quienes quieren girar Aribau arriba, ni una cosa ni otra les importaba lo más mínimo, ellos proseguían con sus vidas sin saber ni querer saber nada de eso.

Leí hace tiempo, y lamento no recordar el autor, un poema hermoso y salvaje sobre una mañana de primavera en que el poeta, hundido en el dolor por la pérdida de un ser querido, no concebía que el sol brillara en el cielo, que los árboles florecieran, y los pájaros cantaran armoniosamente, todo ello a pesar de que el ser querido ya no estaba, cómo es posible, se preguntaba el poeta, que haga un hermoso día primaveral, si tú no puedes disfrutar de él, cómo puede ser, que el mundo siga girando sin que tú estés aquí para verlo... Pero gira. Claro. Eppur si muove, que diría el hereje y sabio Galileo.

Os pido finalmente que disculpéis tanto mi silencio de los últimos días como el tono un tanto amargo y desabrido de la parte final de este artículo. No debéis preocuparos, me siento bien, y diría hasta feliz si no fuera tentar a las fuerzas sobrenaturales que un ser humano mortal pretenda ser feliz en este mundo. Sin embargo, a mi alrededor, fuera del reducto de  paz y amor que forman las paredes de mi casa, todo parece desmoronarse...

4 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Muchas veces he tenido esa misma sensación de la que hablas, que te parezca tan extraño que todo sea tan normal ahí fuera. Ánimo, Jan, que todo pasa.

pseudosocióloga dijo...

C'est la vie.

la MaLquEridA dijo...

Desgraciadamente Jan el mundo sigue girando con o sin nosotros, la vida sigue y el mundo ni siquiera sabe que existimos.

Vive feliz tu vida con Elma que si se ha ido vivir contigo debería alegrarte y pensar en ello.

Un abrazo.

Madame Milagros dijo...

A veces estamos en nuestro mundo, y cuando despertamos y vemos lo que paso a otros, nos afecta como ahora a tí. No te sientas mal por disfrutar lo que tienes, otros que estan mal tuvieron también sus momentos felices.
disfruta de los buenos momentos, los malos siempre llegan solos...

besos y abrazos Jan, nos estamos leyendo.