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sábado, 22 de octubre de 2011

La vuelta al armario

Esta mañana he dado la “vuelta al armario”, expresión que, hasta que conocí a Elma, creía que usaba todo el mundo, pero es, como tantas otras cosas, particular de mi familia, y que describe esa actividad que todo el mundo lleva a cabo por lo menos dos veces al año, consistente en guardar la ropa de la temporada que acaba, en este caso la manga corta y prendas de verano, aprovechando el espacio que deja libre en el armario la ropa de la temporada que empieza, y que se pone de nuevo en uso. En este caso, camisas de manga larga, jerseys, cazadoras, parkas y demás atavíos de invierno, guardados desde el final de la primavera, cuando empezó a hacer calor, pero que, ante la anunciada bajada de las temperaturas,  se necesitan de nuevo.

Este trámite por demás habitual y anodino de dar la “vuelta al armario” a mí siempre me hace reflexionar, y sí, ya lo sé, soy de natural reflexivo, qué le vamos a hacer. En primer lugar, me pasma la cantidad de ropa  que acumulamos (acumulo). Yo no soy un fashion victim, sino más bien discreto y clasicote, pero aún así dispongo de camisas tanto de manga corta como de manga larga de todos los colores imaginables, amén de camisetas de tirante, manga corta, manga larga y sin mangas, polos de manga corta y manga larga, jerseys, chaquetas, parkas, cazadoras… Cuando veo la multitud de prendas que pueblan mi armario, recuerdo a mi abuela diciéndome que las mujeres eran “más complicadas”, pero que un hombre solo necesitaba un par de mudas de pantalón y camisa, quita y pon, para diario, y un traje con una camisa mejor y algo más nueva, para los domingos. Eso le bastaba y le sobraba para ser elegante. ¿Cómo es posible que hayamos pasado de lo uno, exagerado por un lado, a lo otro, exagerado por el lado contrario, en apenas dos generaciones?

Dar la “vuelta al armario” es, además, una especie de rendición, o al menos así lo siento yo. Uno asume al sacar la ropa de invierno que el mal tiempo está a la vuelta de la esquina, y no queda sino prepararse para recibirlo y soportarlo. O sea, uno se rinde a la evidencia. Está claro que no podemos detener el tiempo ni evitar que las estaciones sigan su curso, ni lo pretendo, pero, aquí en Barcelona al menos, la estación cálida comienza ya a finales de mayo, lo que nos deja aproximadamente unos cinco meses de buen tiempo. Supongo que comprenderéis que después de cinco meses pudiendo salir a la calle poniéndote cualquier cosa encima, y de estar por casa prácticamente en cueros, se me haga cuesta arriba pensar en cazadoras acolchadas, batas guateadas o camisetas térmicas. Vamos, es que sudo solo de pensarlo…

En todo caso, inevitablemente, el dorado y cambiante otoño se desliza imparable hacia el plateado y gélido invierno, y según parece mañana mismo entrará un frente frío que bajará radicalmente las temperaturas, que ya no volverán a recuperarse, no hasta los valores de la semana pasada. El tiempo de la manga larga, mal que me pese, ha llegado. Procuraré tomarlo con calma. Ya veis, hay quien da la vuelta al mundo, o quien sale del armario, cuestión ésta muy en boga últimamente. Yo en cambio, original que es uno, lo que hago es dar la vuelta al armario.

La imagen que ilustra el artículo, extraída de la web eons.com, se titula “dream room”, y no, no somos ni Elma, ni yo, ni ninguno de nuestros armarios…